Capítulo 1 — El primer «buenos días»
Hay una cosa que David hace cada mañana desde hace ocho años, y que Marta no le ha agradecido nunca lo suficiente: le escribe «buenos días». Estén donde estén, hayan discutido o no, llueva o truene. Dos palabras.
Marta las ha recibido en aeropuertos, en salas de espera, en el peor lunes de su vida y en el mejor. Y cada una decía, en realidad, lo mismo: sigo aquí.